Cómo entender el comportamiento de la parvovirosis canina

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Por MV. Leonardo D. Mauro C. A. de Buenos Aires – Argentina Contacto: ldmauro@gmail.com

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Introducción

Desde su aparición a finales de la década del 70, la Parvovirosis canina se ha convertido en una de las principales enfermedades infecciosas de los perros.

La mortalidad puede ser elevada, particularmente en animales muy jóvenes. Sobre el virus.

El parvovirus canino contiene una cadena simple de ADN, conformada por alrededor de 5000 bases. Es un virus muy pequeño que posee una cápside compuesta por dos proteínas mayores, denominadas VP1 (viral protein 1) y VP2. El CPV-2 no posee envoltura viral lo que lo hace muy resistente a los solventes lipídicos, a la temperatura y a los cambios de pH.

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Los hechos

Durante muchos años hemos tenido casos clínicos y muertes por CPV2 en perros vacunados, debido a que la vacunación probablemente falló en protegerlos. Conociendo la capacidad mutacional del virus, se especuló con que nuevas formas de CPV-2 eran las responsables. La variante CPV2c se conoce desde el año 2000, cuando fue identificada en Italia, pero tomó estado mundial por un comunicado “alarmante” de prensa de la Universidad Estatal de Oklahoma (Kapil 2006/7), que declaró que una nueva cepa (CPV-2c) más letal, había sido identificada en perros de los EUA, y que causaba mortalidad en cachorros y adultos vacunados.

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En el estudio realizado en los EUA por Kapil en donde se identificó a la cepa 2c, los resultados indican que, de 36 perros vacunados que enfermaron de Parvovirosis, en 15 de ellos se identificó la antigua cepa CPV-2b como responsable, por lo que la vacunación había sido ineficaz no solo para proteger a los animales contra la nueva cepa CPV-2c, sino que también lo fue frente a la anterior CPV-2b. Claramente la vacunación no puede asegurar en condiciones de campo la protección del 100% de los animales vacunados, pero esto no es algo nuevo.

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El parvovirus canino desde el punto de vista genómico, es inestable en la naturaleza y desde su aparición a fines de la década de 1970, ha mutado varias veces (CPV-2, 2a, 2b, 2c). El virus fue evolucionando, lo que le confirió mayor adaptabilidad y resistencia al medio ambiente. Las nuevas variantes han recuperado la capacidad de replicarse y causar enfermedad en los gatos, en donde producen una infección habitualmente asintomática. Todas las cepas están estrechamente relacionadas y comparten más del 99% del ADN, aunque algunas pequeñas modificaciones en su genoma, podrían alterar su antigenicidad. Se postuló que esto podría traducirse en fallas en la detección de la enfermedad con los métodos rápidos de diagnóstico (falsos negativos) o en la potencial falta de protección por parte de las vacunas (antígenos diferentes=diferente respuesta inmune). De cualquier manera el perro, produce una variedad de anticuerpos (policlonales) contra el virus, y estas mutaciones sólo influencian la unión de una pequeña porción de los mismos.

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La variante CPV-2c (Glu-426) o “variante europea” fue reportada por primera vez en Italia en el año 2000 (Buonavoglia) y en Argentina en 2007 (Gallo Calderón), aunque se sabe que está presente en nuestro medio, desde 2003. Con los últimos avances en biología molecular y a través del secuenciamiento completo de su proteína más importante (VP2), se han identificado mediante estudios retrospectivos submutaciones en todas las variantes conocidas. Recientemente (Gallo Calderón 2011) se ha reportado en Argentina una variante del CPV-2c denominada “Ala-440” que se postuló como “variante americana” (Kapil).

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Sobre la enfermedad

El virus puede afectar a perros de cualquier edad, pero más frecuentemente se presenta en cachorros. A través de los parámetros clínicos y con las pruebas rápidas de diagnóstico, es imposible identificar cual es la variante involucrada.

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La mortalidad asociada a Parvovirosis en cachorros puede ser elevada. El reconocimiento inmediato a través de pruebas rápidas de diagnóstico en consultorio u otros exámenes de laboratorio, es fundamental para la aplicación de un tratamiento agresivo de forma temprana y obtener índices de curación elevados.

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Con frecuencia se diagnostica clínicamente como “Parvovirosis canina” a un alto porcentaje de gastroenteritis hemorrágica de otro origen, por el hecho de no hacerse la confirmación del diagnóstico. No todas las gastroenteritis hemorrágicas que se presentan en el consultorio son producidas por el CPV-2. Según nuestros registros sólo en 7 de cada 10 casos en donde se sospechaba la presencia de este virus, ha sido posible su identificación. Otras etiologías virales, bacterianas, parasitarias o tóxicas, deberían ser consideradas.

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La enfermedad puede presentarse de forma asintomática en perros de edad avanzada, en cachorros correctamente inmunizados o en aquellos expuestos a una baja concentración viral, ya que la severidad de la infección puede estar relacionada con la cantidad de virus al que el animal se expone. En estos casos el perro esparcirá el virus sin ser percibido, lo que evitará que se puedan tomar las precauciones higiénicas sanitarias adecuadas. Del mismo modo, los individuos infectados pueden eliminar el virus antes de manifestar los signos clínicos de la enfermedad y hasta tres semanas después de haber adquirido la infección, ya estando en fase de recuperación.

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Los animales con enfermedad clínica y/o subclínica, tienen la capacidad de liberar al medioambiente grandes cantidades de virus (>109 partículas virales por g. de m. fecal). La dosis infectante mínima para un perro es de ≈103 partículas virales, por lo que 1 g. de heces contaminadas, potencialmente podrían enfermar a 1.000.000 de perros susceptibles

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Sobre planes de vacunación

Un plan vacunal debería comenzar entre las 6-8 semanas de vida para la mayoría de los cachorros, si las condiciones de riesgo son elevadas a edad temprana se podría considerar excepcionalmente, una vacunación anticipada a las 4 semanas. Para este caso puntual debemos elegir vacunas monovalentes potenciadas de alto título y con bajo nivel de pasajes en origen y en producción. Las vacunas combinadas no deberían administrarse antes de las 6 semanas.

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Aunque ésta dosis inicial (4 semanas) puede ser neutralizada por los anticuerpos maternos, cierta información podría ser transferida al sistema inmune, si bien podría no haber una respuesta activa, un efecto conocido como primming o sensibilización celular previa, hará que la respuesta a una dosis subsiguiente de la misma vacuna, sea mejor que sin esa vacunación previa.

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La estrategia de adelantar la vacunación a las 4 semanas con vacunas potenciadas, en animales con alto riesgo como “única acción” puede representar un riesgo (ventana de susceptibilidad) y debe necesariamente ser acompañada por una reducción en el intervalo entre la primera y segunda dosis, el cual no debería ser mayor a 2 semanas. Para las dosis subsiguientes (evaluando de nuevo el riesgo) debería mediar un lapso de 3-4 semanas y finalizar el esquema a las 16 semanas de edad o más, con un mínimo de tres dosis aplicadas.

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Los planes con “finalización temprana” fueron introducidos con el fin de promover la pronta socialización de los cachorros, lo que es muy importante para su desarrollo. Los expertos consideran que un 25% de los cachorros todavía tienen niveles de anticuerpos maternos suficientes para bloquear una vacuna (particularmente contra parvovirus) a las 10 semanas de edad (y un 10% a las 12 semanas de edad). De esta forma existe el riesgo de que no todos los cachorros queden completamente protegidos, hasta que reciba su vacuna de refuerzo a los 12 meses (plan básico). El grupo de expertos de WSAVA recomienda aplicar una dosis final de vacuna, a todos los cachorros a las 16 semanas de edad o más grandes.

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Una vez finalizado el plan inicial de vacunaciones a las 16 semanas o más, el cachorro debería tener títulos de anticuerpos protectores en sangre. Para confirmar esto podríamos aplicar el siguiente algoritmo: 1. Realizar una prueba rápida en consultorio si está disponible (VacciCheck, TiterCheck, Inmunoestatus) o de laboratorio (Inhibición de HA, Seroneutralización), mediante la remisión de una muestra de suero tomada 2 semanas luego de la última vacunación de Parvovirus. 2. Si el perro no tiene anticuerpos, deberá ser revacunado utilizando una marca comercial diferente de vacuna, y testado de nuevo 2 o más semanas después. 3. Si el resultado es negativo, este animal debe ser considerado transitoriamente o permanentemente, como bajo respondedor o no respondedor y posiblemente incapaz de desarrollar una respuesta protectora de anticuerpos. Esta situación debe ser claramente informada al dueño del animal.

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Se deberán implementar además, medidas higiénico-sanitarias complementarias a cargo del propietario y del Médico Veterinario, con el fin de minimizar la posibilidad de contacto del cachorro con el medioambiente contaminado, hasta que el animal haya completado su plan inicial de vacunaciones.

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El riesgo de infección con CPV-2c o con cualquier variante de CPV-2 (así como sucede con otras enfermedades infecciosas) es más alto cuando un gran número de perros se encuentran juntos en un ambiente reducido, tales como refugios, criaderos, tiendas de mascotas, residencias, escuelas de adiestramiento, exposiciones, etc. Cualquier perro es susceptible a la infección, pero los cachorros y los perros no vacunados o vacunados inadecuadamente o vacunados adecuadamente y que no presentaron una respuesta sólida, tienen un mayor riesgo de infección y enfermedad. No hay evidencia de que el CPV-2c, o ninguna de las variantes de parvovirus canino, puedan infectar a las personas (AVMA 2008).

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Sobre el ambiente contaminado

La transmisión del virus se produce por contacto directo con un animal infectado o sus heces, por contacto con fómites contaminados (jaulas o pisos de la perrera, manos, ropa, comida, bebederos, juguetes, etc.), e incluso por los gatos (pueden infectarse y eliminar virus al ambiente), roedores e insectos!

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El CPV-2 es resistente a muchos de los desinfectantes comunes. El hipoclorito de sodio, lejía o lavandina de uso doméstico (5% de cloro) en proporción de 1:30 diluido en agua y el peróxido de potasio, son eficaces para inactivar al virus. Solo diez minutos de exposición con alguno de estos productos son suficientes frente al CPV-2. Se recomienda preparar la solución de cloro en el momento de su utilización y el retiro previo de la materia orgánica con jabones o detergentes comunes, pues su presencia puede disminuir la actividad del desinfectante.

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Referencias

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