Distemper canino. Diagnóstico y tratamiento.

Detección de antígeno del virus del Moquillo Canino en fase aguda. Barengo, Federico; Pérez, Rosa Elizabeth; Nieto Farías, María Victoria Marzo, 2018 Tandil

INTRODUCCION

El virus del moquillo canino (VMC), también conocido como distemper canino, es el agente causal de una enfermedad sistémica altamente contagiosa de curso agudo que afecta principalmente a los perros, y a especies silvestres como zorros, zorrinos, lobos y hurones. Es miembro de la familia Paramyxoviridae y pertenece al género Morbillivirus. Contiene una nucleocápside de simetría helicoidal, de aproximadamente 1 micrón de largo y 18 nm de ancho. El genoma de este virus está conformado por una cadena simple de ARN de sentido negativo. Las proteínas del virión incluyen 3 proteínas de nucleocápside: la proteína de unión al ARN (N), una fosfoproteína (P) y una proteína polimerasa (L). Las proteínas del virión que se asocian a membrana incluyen una proteína de fusión (F), una hemaglutinina (H) y la proteína de matriz (M). Las dos primeras conforman las espículas (peplómeros) de la envoltura viral, esenciales para la adhesión a la célula hospedadora. La proteína M es la más abundante en el virión, y tiene un papel central en el ensamble de los viriones maduros, brindándoles un enlace estructural entre las glicoproteínas de la envoltura y la ribonucleoproteína. Otra función importante de esta proteína es controlar los niveles de síntesis de Arma (Maclachlan et al., 2011).


Mecanismo de acción y patogenia


El VMC, como otros morbillivirus, infecta células que expresan un receptor similar al CD150 de humanos, llamado molécula de activación linfocítica de señalización (SLAM, en inglés), la cual se encuentra presente en timocitos, linfocitos activados, macrófagos y células dendríticas. La infección de las células epiteliales en pulmones, vejiga y la piel ocurre relativamente tarde en el proceso de infección. Estas células no poseen SLAM y el receptor que facilita la entrada a la célula no ha sido definido. El sistema nervioso central también es infectado de forma tardía, siendo las células neuronales y las gliales las afectadas. Esta última diseminación solo sucede en perros que no desarrollaron una respuesta inmune los suficientemente rápido para prevenirla (Maclachlan, 2011).


Las gotas de aerosol contaminadas contactan con el epitelio del tracto respiratorio superior. Luego de 24 horas post infección (PI) multiplican en los macrófagos locales, y se diseminan dentro de estas células por vía linfática hacia tonsilas y linfonodos bronquiales (Greene, 2012).


Hacia los días 4 a 6 PI la multiplicación del virus se lleva a cabo en los folículos linfoides del bazo, tejido linfoide asociado a mucosas (MALT), linfonodos mesentéricos, medula ósea y células de Kupffer en hígado. Esta extensa proliferación se corresponde con la elevación de la temperatura y leucopenia. La inmunosupresión ocurre no solo debido a la citólisis inducida por el virus, sino también debido a que los VMC inhiben el interferón ɣ y la respuesta celular de las células linfoides a las citoquinas, a través de la expresión del gen P de virulencia, y proteínas V y C (Greene, 2012).


En los días 8 -9 PI el virus realiza una segunda viremia asociada a células alcanzando tejidos epiteliales de los ojos y la piel, y el SNC. Una vez que ha tomado contacto con estos tejidos, el virus comienza a excretarse en las secreciones corporales. Entre los días 9 -14 PI, el resultado clínico de la infección depende de la fortaleza y del tipo de respuesta inmune montada, así como también de la cepa viral actuante y de la presencia o no, de infección bacteriana secundaria (Greene, 2012).


Los perros que posean una respuesta inmune pobre desarrollan infección viral en varios tejidos adicionales incluyendo piel, glándulas y órganos epiteliales. Estos animales generalmente exhiben signos clínicos severos y, probablemente, mueran como resultado de la infección. Aquellos animales que se recuperan de los signos clínicos iniciales mantienen el virus en tejidos y son predisponentes a desarrollar signos clínicos de enfermedad del SNC, conocida como encefalitis del perro viejo (Ettinger, 2010).


En animales con niveles intermedios de inmunidad, se puede desarrollar una infección leve o subclínica, y el virus persiste en pulmones, piel y SNC. Estos animales pueden recuperarse completamente o pueden desarrollar signos clínicos de enfermedad del SNC (Ettinger, 2010).


SIGNOS CLÍNICOS


La severidad de los signos clínicos varía según la edad del animal al momento de la infección, la virulencia de la cepa viral actuante y el estado inmunitario del animal. Muchos perros, particularmente los adultos, o los que tienen una inmunidad parcial, tienen una enfermedad asintomática o leve. Los cachorros, que son más propensos a sufrir una enfermedad más severa y prolongada, tienen el más alto índice de mortalidad (Ettinger, 2010; Greene, 2012).


La fiebre inicial suele pasar desapercibida, y por esta razón, el primer signo de infección observado es una leve conjuntivitis, que pasa de serosa a mucopurulenta. Esto puede ser acompañado por la presentación de tos seca, que con el pasar de los días se convierte en húmeda y productiva con incremento de los sonidos respiratorios a la auscultación (Greene, 2012). Algunos perros que han desarrollado un cuadro respiratorio leve suelen exhibir signos que son indistinguibles de otras causas, como la tos de las perreras (Ettinger, 2010; Greene, 2012).

Los perros afectados pueden presentar letargia, anorexia, deshidratación, fiebre, descarga óculo-nasal y tos progresiva que empeora si no existe una respuesta inmune inadecuada (Ettinger, 2010; Greene, 2012). Las infecciones bacterianas secundarias son muy comunes en esta enfermedad, y suelen complicar el cuadro. Estas infecciones pueden conducir a una neumonía con el riesgo de complicar el cuadro y convertirse en una amenaza para la vida de los cachorros. Otros signos comúnmente presentes son los vómitos y diarrea. Esta última puede ser desde mucoide a hemorrágica, y se debe a la masiva replicación del virus en el epitelio gastrointestinal. La infección del epitelio ocular puede causar fotofobia, uveítis anterior y coriorretinitis (Ettinger, 2010). Los animales recuperados pueden tener lesiones retinales como atrofia retinal y cicatrización de las glándulas lagrimales, que dan origen a queratitis seca. La neuritis óptica puede causar ceguera o midriasis; la primera puede incluso resultar a partir de graves desprendimientos de retina (Ettinger, 2010).


La replicación viral en el tracto urinario puede causar signos clínicos asociados a disfunción renal. La infección viral de la piel puede resultar con erupción cutánea e hiperqueratosis del plano nasal y almohadillas plantares (Ettinger, 2010).


En cachorros que han sido infectados antes de la erupción los dientes permanentes es común hallar erupción parcial, oligodoncia, impacción dental, hipoplasia de esmalte, presentando manchas y deformaciones de estos (Ettinger, 2010; Greene, 2012).


Los signos neurológicos pueden desarrollarse a partir de 1 a 3 semanas después de la recuperación de los signos sistémicos o puede desarrollarse meses después. Los signos neurológicos se pueden desarrollar en perros que no presentaron signos sistémicos de la enfermedad. Existen ciertas características de la enfermedad clínica que tienden a correlacionarse con la posibilidad de desarrollar enfermedad neurológica. La hiperqueratosis del plano nasal y de las almohadillas digitales esta frecuentemente asociada con el desarrollo de signos neurológicos. Las manifestaciones clínicas más comunes que éstas generan incluyen convulsiones, ataxia, hipermetría, para-paresis o 9 tetra-paresis. La presencia de mioclonías, ya sean generalizadas o focales, es un signo clínico fuertemente sugestivo de infección por VMC (Ettinger, 2010). Los cachorros infectados durante la gestación y los neonatos pueden desarrollar signos del SNC a temprana edad. Se ha registrado aborto y muerte neonatal en cachorros de perras que han desarrollado la enfermedad durante el período gestacional (Ettinger, 2010).


DIAGNÓSTICO


El diagnóstico de Moquillo Canino se facilita cuando hay signos clínicos compatibles y el paciente cuenta con un plan vacunal incompleto (Couto, 2000; Ettinger, 2010). Gran parte de los perros con enfermedad severa expresan signos distintivos suficientes como para hacer un diagnóstico presuntivo, pero en perros adultos las infecciones respiratorias son frecuentemente confundidas con traqueo bronquitis infecciosa canina (Greene, 2012). Las pruebas de laboratorio no siempre confirman la sospecha de infección por VMC ya que no hay anormalidades de laboratorio patognomónicas de esta enfermedad (Ettinger, 2010; Greene, 2012). La anormalidad hematológica más constante es la linfopenia, causada por la depleción linfoide. Esto frecuentemente persiste en perros muy jóvenes con rápido progreso de los signos sistémicos o neurológicos (Couto, 2000; Ettinger, 2010; Greene, 2012).


Los cambios encontrados en los estudios de bioquímica sérica de los animales con moquillo en su fase aguda son inespecíficos. La concentración de albúmina se encuentra decrecida, junto con la alfa y gamma globulina, debido a la inmunosupresión persistente causada por el virus (Greene, 2012). El LCR puede tener incremento en linfocitos y monocitos, y de las proteínas, pero solo es indicativo de un proceso de encefalitis, y no es específica de moquillo (Couto, 2000; Ettinger, 2010). El diagnóstico definitivo del VMC depende de la detección del antígeno viral o del ácido nucleico en muestras antemortem o post-mortem, aislamiento viral y serología. La demostración del antígeno viral en células en frotis sanguíneo, frotis nasal, hisopados 10 conjuntivales o faríngeos, o métodos inmunológicos de tejidos post-mortem como anticuerpo fluorescente, o prueba inmunohistoquímica, confirman el diagnóstico, pero están sujetos a resultados falsos negativos si se realizan más allá de 3 semanas post infección (Ettinger, 2010).


INMUNOCROMATOGRAFÍA


Las pruebas de inmunocromatografía se están empleando cada vez más a menudo, ya que son pruebas rápidas y de lectura sencilla (Tizard, 2013). Este método diagnóstico consiste en la demostración de antígenos virales obtenidos a partir de hisopados conjuntivales y vaginales, lavajes traqueales e incluso a partir de sedimento urinario (Dong jun An, et al., 2007). El antígeno que detecta este método es la proteína F de fusión (información cedida gentilmente por el laboratorio Medica-Tec). La técnica consta de una banda porosa por donde debe fluir la muestra problema. Ésta debe atravesar una zona donde se encuentra anticuerpos marcados y desecados, y al contactar con los antígenos, se solubilizan y forman inmunocomplejos. El líquido que contiene los inmunocomplejos después fluye a través de la zona de detección cuya función es capturar a los inmunocomplejos. El caso de resultado positivo, se desarrolla una línea rosa (si el anticuerpo está marcado con oro coloidal) o azul (si el anticuerpo está marcado con selenio coloidal) en la zona de detección (Tizard, 2013).


Estos hallazgos llegan a demostrar que la prueba de inmunocromatografía desarrollada para detectar VMC es tan buena como la RT PCR (PCR de Tiempo Real), cuando se utilizan hisopados conjuntivales como material de muestra, y puede ser de gran ayuda para la detección temprana de infección por VMC (Dong-Jun An, et al., 2007). La ventaja de realizar una prueba de inmunocromatografía en lugar que otras técnicas diagnósticas usadas en la clínica práctica, es que el procedimiento es simple, rápido y puede ser realizado por los veterinarios en la clínica práctica diaria (Dong-Jun An, et al., 2007). Las muestras de hisopado conjuntival son significativamente más fáciles de obtener que el resto de las muestras para las diferentes pruebas, pero deben ser colectadas en etapas tempranas de la enfermedad. Se cree que el VMC en la 12 conjuntiva no está sujeto a rápida eliminación por el sistema inmune, es por ello que el hisopado conjuntival apunta a ser la mejor muestra para realizar pruebas de detección de moquillo en fase aguda (Kim et al., 2006). Esta prueba puede ser realizada en 5 minutos sin la necesidad de instrumentos especiales, y su utilización podría ayudar a reducir la morbilidad y mortalidad de esta enfermedad, así como también permitir un tratamiento precoz de la misma (Dong Jun An et al., 2007). El test de inmunocromatografía tiene la desventaja de que puede encontrarse limitada, en términos de la cantidad de Ag que puede detectar. Además, se requiere grandes cantidades de Ac para generar una banda claramente visible y que el resultado no esté ligado a la subjetividad del operador (Dong-Jun An et al., 2007). OTROS METODOS DIAGNÓSTICOS Varias técnicas se han utilizado para el diagnóstico, incluido aislamiento viral, anticuerpos fluorescentes y RT PCR, sin embargo, la inmunofluorescencia directa da resultados falsos negativos en presentaciones subagudas o crónicas de esta enfermedad. Además, emplear estos últimos métodos suelen ser laboriosos y consumen mucho tiempo (Dong-Jun An, et al., 2007). La medición de los anticuerpos en suero puede colaborar en el diagnóstico de moquillo. La documentación de un cuádruple incremento de IgG durante 2-3 semanas, o detección de anticuerpos M en suero es compatible con infección o vacunación reciente, pero no demuestran la enfermedad clínica. La desventaja de esta técnica es la obtención de la muestra de suero pareada, lo cual llevarlo la práctica no es sencillo (Couto, 2000). Los test serológicos son ampliamente disponibles para la documentación de infección por VMC. Sin embargo, pueden dar falsos negativos en los perros que no han montado una repuesta inmune, debido a la profunda inmunosupresión causada por los efectos de la infección por VMC (Greene, 2012). Las pruebas de anticuerpos fluorescentes son usadas para medir los anticuerpos IgM e IgG. La detección de IgM la cual puede persistir por 3 meses apoya a que haya infección por VMC (Ettinger, 2010). Si bien esta 13 prueba puede facilitar el diagnóstico especifico de VMC, requiere equipamiento especial usualmente manejado por los laboratorios regionales de diagnóstico (Greene, 2012). La inmunofluorescencia es usualmente realizada a partir de frotis citológicos de epitelio conjuntival, tonsilar, genital y respiratorio, pero puede ser realizada también a partir de células de la capa leucocitaria, sedimento urinario y médula ósea (Greene, 2012). Los antígenos se detectan en capas leucocitarias en frotis, desde 2 a 5 días PI, y decrecen a medida que los títulos de Ac aumentan para el día 8 a 9, en asociación con la recuperación clínica (Ettinger, 2010). La fluorescencia positiva en epitelio conjuntival y genital es detectada comúnmente solo en las primeras 3 semanas PI, cuando la enfermedad clínica es evidente (Ettinger, 2010). Los virus pueden ser detectados por períodos más largos en células epiteliales y macrófagos del tracto respiratorio inferior y en lavados trans-traqueales. El virus persiste por lo menos 60 días en piel, tejido uveal, almohadillas plantares y SNC. La examinación por fluorescencia directa de células en raspajes conjuntival, LCR o a partir de monocapas sanguíneas, ayuda en las fases agudas de la enfermedad. En contraste, en casos crónicos no es retribuyente porque el encubrimiento de los anticuerpos o la eliminación viral da resultados negativos en inmunofluorescencia (Greene, 2012).


TRATAMIENTO


El tratamiento para perros con VMC es principalmente de soporte. Es primordial la administración parenteral de fluidos, sobre todo en aquellos perros con diarrea y vómitos, ya que corren el riesgo de deshidratación (Ettinger, 2010). Se recomienda que los animales con afección del tracto respiratorio se instalen en ambientes limpios, cálidos y donde no haya grandes variaciones de temperatura (Greene, 2012). Para tratar animales con neumonía secundaria se recomienda antibióticos de amplio espectro por varias semanas, expectorantes y, de ser posible, nebulizaciones (Ettinger, 2010; Greene, 2012). Se recomienda cambiar el tipo de antimicrobianos si no se observa respuesta a los mismos (Greene, 2012). Las descargas óculo-nasales deben limpiarse de la cara y de ser necesario administrar antieméticos. Las vitaminas deberán ser administradas como terapia inespecífica para prevenir pérdida de estas, ocasionada por la anorexia y la diuresis, y estimular el apetito (Greene, 2012). Las mioclonías, convulsiones o neuritis óptica son tres manifestaciones neurológicas que pueden ser toleradas por varios dueños; la mioclonía es usualmente intratable e irreversible, muchas terapias han sido probadas sin éxito (Greene,2012). 16 Para controlar las convulsiones utilizar diazepam, pentobarbital o bromuro de potasio. La ribavirina inhibe la replicación del VMC in vitro, pero no se ha descripto el uso en perros infectados. La prognosis para perros con enfermedad neurológica es considerada de reservada a pobre y cuando los signos neurológicos son incompatibles con la vida, se recomienda la eutanasia (Ettinger, 2010; Greene, 2012).

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